Los trastornos depresivos

En la sociedad contemporánea, el mercado global instituye en los sujetos unas manifestaciones sintomáticas que podemos caracterizar como una verdadera psicopatología de masas, los llamados trastornos depresivos.

Estas manifestaciones son representativas del malestar actual en la civilización.

Según la Organización Mundial de la Salud los trastornos depresivos ocuparán pronto  el segundo lugar como causa de muerte y discapacidad a escala mundial, después de las cardiopatías.

Ciento veintiún millones de personas ya padecen depresión y es una de las principales causas de suicidio entre los niños de edades comprendidas entre los 10 y 14 años.

Características de la depresión

El sujeto deprimido renuncia a su deseo y se entrega, sin oposición, a la inacción del sufrimiento, nos dice Jacques Lacan.

Así, la depresión se caracteriza como la disposición a ignorar, es decir, a gozar de no saber.  Digo gozar —como satisfacción inútil e insatisfacción mortificante— de una ignorancia radical que va contra el propio bienestar.

Se trata de un goce del sujeto de ignorar que él es parte activa en su propio sufrimiento; de ignorar un saber sobre las causas del deseo singular inconsciente y sus condicionantes; un saber sobre la alienación a la que nos condenan las exigencias, demandas y deseos de los otros (nuestros ancestros, las instancias sociales y culturales, las exigencias del mercado, etc.)

Y, finalmente goce de ignorar, también, las determinaciones inapelables a las que nos arrastra nuestro fantasma inconsciente, para hacernos tropezar siempre en la misma piedra.

El malestar actual y el aumento de los trastornos depresivos

El malestar actual en la civilización, que atenta gravemente contra los pensamientos, los sentimientos, la creatividad y el deseo particular de cada mujer y de cada hombre empuja, al menos, hacia dos callejones sin salida, siempre alienantes.

El primero ordena ser activista ciego en las filas de una robotización tecnocrática que anula al sujeto humano.

Para ilustrarlo, transcribimos un cuento breve de Nathaniel Hawthorne, titulado La orden:

“Un hombre de muy férrea personalidad ordena a otro, bajo su dominio, que ejecute cierto acto. El primero muere de pronto; el segundo sigue ejecutando ese acto por el resto de sus días.” 

Bien podríamos rebautizar este cuento: Adicto a mi amado amo. 

La solución química

Tenemos que hablar aquí de la “solución química” que, en la actualidad, promete perpetuar la sociedad del bienestar con drogas evasivas, a costa del empobrecimiento subjetivo.

Y es que el imparable avance farmacológico, muchas veces imprescindible como coadyuvante del análisis, promete la solución de los viejos y nuevos síntomas y síndromes (catalogados en el DSM5), aunque generan otras adicciones y no contribuyen al conocimiento del sujeto ni a la liberación de sus ataduras psíquicas

Ideales fundamentalistas

El segundo callejón sin salida hacia el que empuja el malestar actual en la civilización instiga a abrazar ideales fundamentalistas.

Un microcuento de Nati Torres plantea con dramatismo e ironía este extremo. Su título, La memoria y el maestro:

“Las palabras del maestro lo habían guiado siempre: ‘Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña’.

Así, había caminado miles de kilómetros, atravesado ríos y navegado mares, siempre en busca de la montaña. Aquí y allá, tropezaba con otros caminantes que, como él, buscaban la montaña. Y continuaba su inagotable camino. 

Un día se sintió cansado. Tenía los pies destrozados y la cara surcada de arrugas. Se sentó a la sombra y se miró las manos; eran huesudas y rugosas, pero le parecieron inexpresivas.

Cayó en la cuenta de que esas manos no tenían memoria: no habían acariciado nunca ningún otro cuerpo; jamás habían concebido, orgullosas, una nueva vida; no habían temblado por la pérdida de un ser querido; no habían construido juegos ni risas de niños…

Decidió cortárselas y siguió caminando.”  

Cuando al personaje de este cuento sus manos le recuerdan sus carencias, se las corta para poder seguir negando su fracaso y continuar entonces su reiterada búsqueda del saber del maestro y de la idealizada verdad absoluta. Porque es esto lo que colma de sentido su vida con un inequívoco goce.

También podría interpretarse que los sujetos de ambos cuentos son hombres íntegros, “personalidades totales”, vasallos fieles a sus amos y a sus ideales hasta la muerte.

Es este un resultado que aspiran conseguir de sus ciudadanos los estados, el discurso capitalista y las psicoterapias modernas, proclives a gobernar, educar y domesticar el deseo.

El efecto constatable de dicha dirección de conciencia es: transformar a un sujeto que sufre en un objeto dirigido y controlable.

¿Dirigir al paciente o dirigir la cura?

Desde la sugestión hipnótica de Charcot, pasando por el procedimiento catártico de Breuer y el análisis psicológico de Pierre Janet, muchas de las múltiples y polimorfas psicoterapias actuales, sobresaturadas de sentido —moral, religioso, político, científico, etc.— proponen conseguir la felicidad, la serenidad y el optimismo.

De ese modo, dirigen al paciente hacia algún ideal o valor moral previo y sin contar con el deseo del sujeto, que queda así alienado.

Resaltan entre todas, por su autoritarismo e imposición de normopraxis, las terapias de tipo cognitivo-conductual, que conllevan un amaestramiento científico, corrector de los comportamientos y síntomas de los pasivos pacientes.

Estas prácticas engañosas, abusivas y a veces devastadoras —que pueden funcionar con ratones porque éstos no tienen noción de la historia—, no respetan ni analizan los orígenes y las vicisitudes de lo que hace humano al hablanteser, es decir: el lenguaje y la singularidad histórica del sujeto que padece.

Un sujeto que se encuentra cautivo y desconcertado por la inercia de un sufrimiento parasitario, mortificante, insistente y repetido, que oprime y limita su vida, y lo hace sentir “tan solo en su dolor y tan ciego en su penar”.  

La dirección de la cura en psicoanálisis

A diferencia de esas prácticas, el psicoanálisis apela al respeto por la rica y compleja subjetividad particular de quien se pregunta por los motivos de su padecer.

Quien esto hace, encuentra en sus “extraños síntomas” las relaciones con las verdades de su historia, el sentido que da a su existencia (como articulación propia imaginaria y simbólica) y la repetición de un goce invasivo e ignorado.

El psicoanálisis atiende al deseo del sujeto y a los laberintos engañosos de otros deseos e ideales, donde se enreda y aliena.

Alienta además a conocer y asumir con responsabilidad activa y libertad las causas del propio goce (ese goce mezcla de satisfacción inútil e insatisfacción mortificante), que actúa contra el propio bienestar.

Es así como, dando la ocasión de no sucumbir a las falacias, contribuye a defender la verdadera dignidad humana.

Según enuncia Lacan, un psicoanálisis es la cura que se espera de un psicoanalista. Y la dirección de esa cura conlleva una dimensión ética que se opone a dirigir al analizante, aunque éste se preste a ello.

Aspectos imprescindibles

Es imprescindible el análisis personal del analista y el final del mismo porque aseguran el silencio de su fantasma (que entonces no contaminará al del analizante), como imprescindible es también el ejercicio de la función Deseo-de-analista.

El Deseo-de-analista es una función que podemos caracterizar como deseo de equis, “deseo de nada” y es la que garantiza en el analista un deseo vaciado de todo sentido, cuyo objeto es el de obtener la diferencia absoluta.

O lo que es lo mismo: que el sujeto analizante desee, singularmente, lo que sea, sin injerencia ninguna de los deseos personales del analista.

El ejercicio de esta función anima el deseo libre del analizante y va socavando el gozoso sentido unívoco que éste da a su vida.

Desde el lugar de la dirección de la cura, por parte del analista queda así excluida la manipulación con finalidad de satisfacción personal, dominio, sometimiento, explotación o control social.

Alivio sintomático del sujeto que sufre

Tanto si se trata de trastornos depresivos como de otro tipo de síntomas, conocemos el alivio del dolor sintomático que se produce en el analizante al comienzo de la cura por el efecto catártico y de sugestión obtenidos. Así como la disminución de la angustia y la mejoría de los síntomas, evidenciando de ese modo los primeros efectos terapéuticos, tal como ocurre en otras psicoterapias.

Contribuye sobre todo a ello la adjudicación, por parte del analizante, de su propio saber inconsciente al sujeto analista. Se trata de un fenómeno particular de la estructura simbólica de la palabra, al que Freud llamó transferencia.

Esta transferencia se manifiesta en todas las relaciones humanas, incluso en las terapéuticas, pero el objetivo del psicoanálisis es trabajarla.

¿De qué saber se trata?

El saber inconsciente del analizante, adjudicado por éste al analista, ahora como Sujeto Supuesto de ese Saber, consolida el amor al saber del Otro simbólico.

También desarrolla la ficción transferencial, alentada por la escucha del analista y sus intervenciones, que fomentan las asociaciones del analizante.

Dicho amor al Otro de la palabra —encarnado en los padres, maestros, mayores, jefes, dioses—, es ahora transferido al analista. Ello permite la construcción de un síntoma analítico que reproducirá en la cura la estructura de los síntomas que sufre el analizante en su vida cotidiana.

De esta manera, se harán presentes en el vínculo transferencial las manifestaciones de su goce inconsciente.

Como “sujeto pensante”, el analizante constata que se desvanece de forma permanente la conciencia racional e identitaria, la supuesta “verdad inconmovible” de “la pura luz de la razón” cartesiana (cogito, ergo sum: yo pienso, luego yo existo o soy) .

Y lo hace cuando comprueba en su propio discurso que algo enigmático se revela ante él y a pesar de él.

Porque comprueba que su estructura subjetiva la conforman:

  • contradictorios sentimientos,
  • inquietantes y reveladores sueños,
  • inconcebibles lapsus,
  • actos fallidos, equívocos,
  • desórdenes de la rememoración, caprichos de la asociación psíquica y deformaciones del lenguaje.

El sujeto va incorporando así la riqueza de sus verdades inconscientes, aquellas que marcaron su vida; las cuales, al hacerse ahora visibles le permiten canalizar con libertad sus propios deseos.

Texto de Norberto Ferrer


Aquí puede ver  libros de psicoanálisis publicados por Norberto Ferrer y otros autores.

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