Las figuras del padre y cambios en su estutus

Aquello que has heredado de tus padres
reconquístalo si quieres poseerlo.

Goethe. Fausto

Las figuras del padre y los cambios en su estatus que se han ido dando a través de la historia es el tema que vamos a desarrollar en este artículo.

La familia

En «Los complejos familiares en la formación del individuo” ([1938] (Otros escritos, Buenos Aires: Ed. Paidós, 2012, p. 34-35), dice Lacan: 

“Entre todos los grupos humanos, la familia desempeña un papel primordial en la transmisión de la cultura. Si las tradiciones espirituales, la preservación de los ritos y de las costumbres, la conservación de las técnicas y del patrimonio le son disputadas por otros grupos sociales, la familia prevalece en la primera educación, la represión de los instintos, la adquisición de la lengua llamada precisamente materna. De este modo, ella rige los procesos fundamentales del desarrollo psíquico, esta organización de las emociones de acuerdo con tipos condicionados por el ambiente que es, según Shand, la base de los sentimientos; más ampliamente, ella transmite estructuras de comportamiento y de representación cuyo juego desborda los límites de la conciencia.
La familia establece así entre las generaciones una continuidad psíquica cuya causalidad es de orden mental.” 

El desarrollo particular de las relaciones sociales en la especie humana está condicionado por las especiales aptitudes de comunicación mental y por un funcionamiento de las pulsiones susceptible de conversión y de inversión.

De esta forma la conservación y el progreso de la infinita variedad de comportamientos adaptativos transmitidos son una obra colectiva que constituyen la cultura.

La cultura instala en la realidad social una nueva dimensión que especifica a la familia humana y a todos los fenómenos sociales.

Los componentes de la familia moderna: el padre, la madre, los hermanos configuran también representaciones y funciones inconscientes complejas.

De estas funciones, la representación de la madre y su Deseo inconsciente, así como la Función Paterna en la constitución de la subjetividad humana, son determinantes para la construcción y el funcionamiento de la estructura del sujeto y sus manifestaciones patológicas. 

Las figuras del padre en la historia

Robert Graves (en La Diosa Blanca: gramática histórica del mito poético. Madrid: Alianza ed., 1986) remonta el origen de los dioses a una diosa madre primitiva: la Diosa Blanca, anterior al reconocimiento religioso de la intervención paterna en la procreación.  

Escribe Lacan (en: «Prefacio a El Despertar de la Primavera”, Otros escritos, Buenos Aires: Paidós, ed., 2012, p. 589): 

“Cómo saber si […] el Padre mismo, nuestro padre eterno,  el de todos, no es sino Nombre entre otros de la Diosa blanca, la que en su decir se pierde en la noche de los tiempos, por ser la Diferente, la Otra por siempre en su goce…”

El patriarcado —familia dominada por el padre— ocupó un lugar central en la vida social y familiar de los pueblos de la antigüedad. La estructura social se basaba en el poder del Monarca y del padre.

El patriarca ejercía su poder absoluto, autoritarismo y arbitrariedad sobre sus descendientes. Era el reflejo de la figura de autoridad del Rey, el Faraón, el Sacerdote, etc.

Según la ley de la tribu, en las sociedades matrilineales (citadas por Bronislaw Malinowski en La vida sexual de los salvajes, del noroeste de la Melanesia 1932, Madrid: Ed. Morata, 1975, p. 172 y 355) de la sociedad y cultura tobrianesia en las islas Melanesia, dividida en clanes totémicos: 

“el parentesco que reposa sobre la identidad de la carne y de la sangre sólo se transmite en línea materna […] lo que une el padre al hijo es únicamente un sistema de deberes y obligaciones recíprocas, lo que no excluye la existencia de un sólido lazo afectivo.” 

Sin embargo, un hombre casado puede referirse a un hijo propio o ilegítimo como “Este es mi hijo”.  El hermano de la madre o el abuelo materno influyen poderosamente sobre el joven, reemplazando en prestigio y autoridad al padre. 

El tabú del incesto es para los indígenas absoluto, tanto en lo que concierne al matrimonio como a las relaciones sexuales. Los esposos deben pertenecer a clanes totémicos diferentes.

En Grecia

En Grecia, donde la riqueza equivalía a virtud, el núcleo básico de la sociedad era la familia; el padre ostentaba la autoridad sobre la mujer y los hijos.

El matrimonio solía realizarse en la Época Antigua mediante compra o convenio entre las distintas tribus.

Las familias concertaban la boda para así perpetuar el linaje y la tradición familiar en la Época Clásica.

El reconocimiento de los hijos en Atenas era decisión del padre, para aceptarlos o rechazarlos. En caso de rechazo, el padre solía exponer al hijo en un lugar público, a fin de que pudiese ser recogido por quién tuviera interés.

Esta decisión dependía en Esparta del Consejo de Ancianos, según el criterio de utilidad que pudiera tener el niño para la polis,o era abandonado en el monte Taigeto hasta su muerte.

En Grecia surge la paternidad como el principio de la generación. El macho es el principio de la generación y el movimiento, y la hembra el principio material en la teorización de Aristóteles.

Según él, para la procreación no es necesario el semen del hombre sino una identidad y el alma, el movimiento y la forma, este es el principio masculino creador. La hembra proporciona la materia. Aristóteles intenta establecer cuál es la participación del padre en la generación espontánea.

En Roma

El padre en Roma (véase Paul Veyne,“El Imperio Romano”, Historia de la vida privada, del Imperio Romano al año 1000. Madrid: Grupo Santillana ed. SA, edición dirigida por Philippe Ariès y Georges Duby, 2001, tomo I) era el amo (Dominus) que además dirigía la ciudad.

La paternidad era así política, religiosa y en consecuencia familiar.

El amo, el señor, permitía a una mujer el acceso a la condición legal de madre al llegar al matrimonio. Sólo obligaba al padre frente a su hijo, la declaración pública: “Yo soy el padre” y no los lazos de sangre. El hombre sólo es padre por su propia voluntad. El pater familias disponía de la patria potestas que representaba un poder absoluto.

Un marido era el dueño de su mujer, así como de sus hijos y sus criados y esclavos. Era también un propietario con su patrimonio, un amo de esclavos, un patrón de libertos y de clientes.

El patrono, el jefe de empresa era el padre de familia, es decir, de la casa y del patrimonio, el origen y la fuente de todo poder, incluido el poder político y religioso.

Se denominaba patres a los senadores, patricii a los aristócratas, pater patriae al emperador, y al dios soberano: Júpiter, cuya raíz es pater. En virtud de una especie de delegación que le otorga la ciudad, ejerce un derecho de justicia sobre sus hijos e hijas. 

Con el cristianismo

La familia romana comenzó a cambiar antes del cristianismo. Los romanos apreciaban ya la castidad, la fidelidad y redujeron la práctica del divorcio y de la homosexualidad.

El nuevo padre del cristianismo se transformó en imagen de Dios, ya que entonces Dios era el padre. Pero este prestigio convivió con las limitaciones de los poderes del padre, ya que al ser  Dios padre el único creador y los padres de la iglesia sus representantes, el padre de familia empieza a perder fuerza.

La familia en desorden

Elizabet Roudinesco (en La familia en desorden [1993], Barcelona: Ed. Anagrama, 1995.) propone diferentes estadios a través de los cuales la autoridad del padre ha decaído durante el proceso de evolución de la estructura familiar.

1. La familia tradicional

Allí la figura del padre se caracteriza por la autoridad y poder absolutos sobre la esposa y la vida de los hijos. Es el “señor de las familias, el amo, la encarnación de Dios. Heredero del monoteísmo, que reina sobre el cuerpo de las mujeres y decide los castigos de los hijos”.

Es el rol preeminente desde la Edad Media, hasta la Revolución Francesa en 1789. Era el representante, en la familia, de la figura del rey que gobernaba al pueblo por designación divina. La Revolución francesa trajo como consecuencia que la autoridad real y del Dios-Padre se redujera a favor del poder del pueblo a través de un nuevo contrato social, basado en los derechos universales del hombre y del ciudadano. 

En la segunda mitad del siglo XVIII se inicia en el Reino Unido la Revolución Industrial, que se extiende unas décadas después por Europa Occidental y Norteamérica. La transformación económica, social y tecnológica, conllevó la aparición del proletariado y la asignación de salarios, que limitaban el poder económico del padre. Sin embargo la familia seguía siendo paternal.

2. La familia moderna

Es el concepto de familia desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. En esta época se valora la división del trabajo entre los cónyuges: el trabajo de la mujer al principio en el interior del hogar, y el del hombre que suministraba lo necesario a la familia.

La autoridad y educación que se prodiga a los hijos está a cargo de los padres y del Estado. Comienzan a tenerse en cuenta los derechos de los hijos. El padre se transforma en guardián y protector del bienestar y las necesidades e intereses de los niños.

Según expone Emil Durkheim (véase “La familia conyugal” de 1892 (en Textes 3. Fonctions sociales et institutions. París: Editions du Minuit, 1975), desde la perspectiva sociológica, se produce una limitación de los derechos del padre a favor de los otros miembros de la familia, generando una dilución de su autoridad, de la patria potestad. Decae su autoridad como jefe y como depositante de las virtudes morales, patrimoniales y religiosas.

La familia conyugal comprende solo al marido, su esposa y sus hijos menores y solteros, a diferencia de la familia patriarcal y la familia paternal.

Debemos hacer mención a las devastadoras guerras mundiales del siglo xxy especialmente al horror del poder nacionalsocialista de Hitler y su monstruoso y desolador Holocausto, que llevó a escribir al psicoanalista alemán Alexander Mitscherlich en 1963: Hacia la sociedad sin padre. (La expresión Sociedad sin padre fue promovida por Paul Federn (1877-1950), discípulo de Freud, al salir de la Primera Guerra Mundial. Mitscherlich la tomó de él.)

3. La familia contemporánea.

Roudinesco la sitúa a partir de 1960. El padre se ve forzado a cumplir una serie de normas sostenidas por un discurso legal, pediátrico, educativo, que ostenta el saber verdadero sobre el bienestar de los niños.

La autoridad sobre los hijos depende también de la madre, que participa en las decisiones sobre los niños (coparentalidad). Se desarrolla el poder de la liberación de las mujeres en los ámbitos laboral, legal, político, económico y sexual.

La figura del padre se vuelve cada vez más abstracta. Se debilitan los referentes simbólicos como Dios, la religión, el rey, las costumbres, las tradiciones, los valores culturales y éticos compartidos, la pertenencia a una Nación, a una sangre o a un pueblo. Por tanto, se trastoca el orden de la subjetividad del mundo y de la relación con los otros.

La declinación del padre

La declinación del padre es tratada por Lacan, desde su texto sobre “Los complejos familiares en la formación del individuo” de 1938, hasta su enseñanza sobre la trilogía de Claudel en 1961.

Opone Lacan a la figura de la madre —falo imaginario de un vínculo del sujeto “incuestionablemente natural” y gozoso— la función paterna simbólica del padre con un efecto de pacificación de los goces simbólicos, culturalmente determinados y fundados.

Plantea Lacan que “en una estructura social como la nuestra, el padre es siempre, en algún aspecto, un padre discordante en relación a su función simbólica”, la de un padre carente, ausente y humillado que tiene como consecuencia la neurosis contemporánea.

Propone Lacan

Lacan propone en el Seminario 8 sobre la transferencia (La transferencia, Buenos Aires: Paidós, 2003.) hacer una articulación con el planteo teatral propuesto por Claudel en su trilogía. Las tres obras de teatro abarcan tres generaciones.

La primera tragedia El rehén se sitúa en 1814, en la última etapa del imperio napoleónico. La segunda tragedia es El pan duro, y la tercera El padre humillado, ambientada en 1870-71.

Lacan define la época hipermoderna (Massimo Recalcati ¿Qué queda del padre? La paternidad en la época hipermoderna. Barcelona: Xoroi Ediciones, 2015.) como la del “ocaso de la Imago paterna”, y de la “evaporación del padre”, donde se disuelve la equivalencia del Padre y la Ley de la castración simbólica, que es la que posibilita la existencia del deseo.

La función paterna

La ley de la castración simbólica promovida por la terceridad del Otro —la Función Paterna— es la que prohíbe y limita el acceso al goce incestuoso absoluto y sin faltas ni límites de la Cosa materna. “Asegura el respeto por lo imposible” y así “define un límite insuperable” que es profundamente ordenador.

Antes que por el padre, esa prohibición actúa “por el funcionamiento mismo del lenguaje y sus leyes” que “nos separan irreversiblemente de la naturaleza y del sueño imposible de un goce que excluye el filtro de la palabra”.

Pero el tiempo hipermoderno, con su discurso social dominante promueve la tendencia incestuosa del goce, la disminución y decaimiento de los límites y del poder simbólico de la prohibición, el rechazo del Otro, el culto narcisista del yo,la desregulación pulsional, la caída del deseo, la forclusión de la castración y de la falta y la exclusión de las “cosas del amor”.

El mercado Capitalista

 Ahora, el mercado Capitalista vende la idea de que toda demanda y deseo del sujeto puede satisfacerse por medio de objetos o mercancías, si tiene la posibilidad de pagarlas, confundiendo los objetos de deseo con los objetos de consumo.

Promoviendo una “libertad imaginaria” que en realidad nos hace esclavos de nuestro goce (M. Magatti, Libertà immaginaria. La illusioni del capitalismo tecnonichilista. Milán: Feltrinelli, 2009.); con el reclamo “compro, luego existo”, nos incitaba a comprar un gran comercio de Barcelona, que luego dejó de existir por la crisis económica del 2008 y la falta de compras. El eslogan se le revirtió a la empresa: compre (consuma) para que yo (el gran comercio) exista.

La razón instrumental —tecnológica, científica— tiene prioridad sobre la razón crítica —capacidad de criticar, de juzgar, de diferenciar— restándole valor a la palabra del sujeto. Es en este contexto orwelliano, de esta “sociedad tecnocrática gobernada por el discurso de los mercados” donde, según dice Néstor Braunstein: 

“…se perfila la figura del padre electrónico […] el padre gobernante de todos los padres, el ordenador, que no piensa pero nunca deja de computar y que a todos nos calcula.  La subjetividad abdica (y goza de su alienación) frente al nuevo Urvater incorpóreo […]

«Este nuevo padre plus-que-primitivo, indestructible, irrepresentable, ordena gozar y hace de todos los cuerpos algo menos que carne putrescible: los hace chatarra comandada por el código binario que se encarna en microchips y objetos nanotecnológicos. No es el Otro del registro simbólico, el Otro tachado y horadado, primeramente teorizado por Lacan, sino el Otro real que se presenta como una ‘red’, una combinatoria significante infinita, un inconsciente universal sin tachadura […]»

«Su fuerza invencible proviene del discurso de la ciencia, ocupando el lugar de la verdad […] El saber único e integrado en objetos que lo resguardan (web) es el sucesor y no el antepasado del Nombre-del-Padre como autoridad simbólica.”

(Véase “El padre primitivo y el padre digitalizado, Del Urvater al Big brother”, en Freud: a cien años de Tótem y Tabú (1913-2013), coord: Néstor A. Braunstein, Betty B. Fuks, Carina Basualdo. México: Siglo XXI ed., 2014, p. 84 y ss.)

Las figuras del padre: Síntesis

Esta síntesis de un orden históricamente fechado de las figuras del padre en el desarrollo de la humanidad nos lleva a distinguir al padre como: 

  1. función nominal social dentro de ese orden histórico, 
  2. como estructura de nominación subjetiva inconsciente, articulada con los registros real, simbólico e imaginario, y representada por el Otro, incluido en los tres registros
  3. el pater familias, el padre de la casa, el personaje de la realidad, que asume como puede la función que le delega la sociedad y la cultura, en un momento determinado de la historia (Daniel Koren,Destinos del padre”, Freud: a cien años de Tótem y tabú [1913-2013], p. 72.) donde los significantes amos de las tradiciones han perdido su valor orientativo como referentes. (Lacan recorre e interroga el camino de su declinación y rescata las invenciones o soluciones sintomáticas que emergen como semblantes paternos frente a ese vacío.)

De la compleja estructura del Padre, como Función subjetiva inconsciente y de nominación ordenadora —en su articulación Real, Simbólica, Imaginaria y Sinthome— me he ocupado en mi libro El padre y su función en psicoanálisis.

Artículo de Norberto Ferrer


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